¿Por qué las personas entienden, lo que quiere entender?
Te ha ocurrido alguna vez que explicas algo con claridad, das ejemplos, presentas pruebas e incluso repites tus argumentos una y otra vez, pero la otra persona parece haber escuchado algo completamente diferente? Esto no siempre se debe a falta de inteligencia o mala voluntad. En realidad, nuestro cerebro no percibe la realidad de forma totalmente objetiva. Todos interpretamos el mundo a través de nuestras experiencias, emociones, creencias y expectativas. A este fenómeno se le conoce como sesgo de confirmación. Y hoy en hablaremos de este importante fenómeno. acompáñanos.
Mtro. Psic. Cl. Adalberto Armas Mejía
6/22/20261 min read
El sesgo de confirmación. Se trata de la tendencia natural que tenemos a prestar mayor atención a aquella información que confirma lo que ya pensamos y a ignorar, minimizar o reinterpretar aquello que contradice nuestras ideas. Por ejemplo, una persona que está convencida de que nadie la aprecia, puede pasar por alto diez muestras de afecto y quedarse únicamente con un comentario desafortunado. Del mismo modo, alguien que considera que cierto grupo de personas es irresponsable, recordará los ejemplos que confirmen su creencia y olvidará aquellos que la contradigan.
Pero el sesgo de confirmación no es el único responsable. Las emociones también influyen. Cuando una idea se relaciona con nuestra identidad, nuestras experiencias o nuestros miedos, cambiarla puede sentirse como una amenaza. Por ello, muchas discusiones no son realmente una búsqueda de la verdad, sino una defensa de aquello que nos brinda seguridad. Además, no escuchamos únicamente con los oídos; escuchamos con nuestra historia personal. Dos personas pueden vivir un mismo acontecimiento y recordarlo de maneras completamente distintas, porque cada una interpreta la realidad desde filtros diferentes.
Esto explica por qué, en ocasiones, discutir demasiado no cambia las ideas de los demás. Incluso puede producir el efecto contrario: que la persona se aferre aún más a sus creencias. Tener la razón y lograr convencer a alguien son cosas muy distintas. Comprender esto no significa renunciar al diálogo, sino reconocer sus límites. No siempre es posible hacer que los demás entiendan exactamente lo que queremos transmitir. A veces, la mejor decisión es expresar nuestro punto de vista con claridad, aceptar que cada persona interpreta el mundo desde su propia perspectiva y conservar nuestra tranquilidad. Porque, al final, las personas no siempre entienden lo que decimos; muchas veces entienden aquello para lo que están preparadas emocional y cognitivamente.
La paz mental suele ser más valiosa que ganar una discusión.



